el hombre del semáforo
Cada vez que me acerco hasta La Coruña y llego al semáforo de la Avenida del Ejército con Ramón y Cajal, le veo. Es el hombre del semáforo. Rumano, creo. Le miro y me sonríe. Le pregunto que cómo van las cosas y se encoge de hombros diciendo: bueno, no encuentro trabajo pero...
No pierde la sonrisa y pienso cómo será la vida de ese hombre. Seguramente tendrá una familia. Quizás hijos pequeños. Quizá esté aquí solo, tratando de buscar un empleo para traerse a los suyos. Su situación es complicada, como la de muchos otros inmigrantes. Como la de muchas otras familias de aquí. Qué mas dá de dónde sean. Son personas. Son personas con necesidades. Con una vida que se esconde detrás de una sonrisa. Nadie sabe por lo que habrán pasado ni lo que les depara el futuro pero, lo importante es su sonrisa... una sonrisa en la adversidad.
¿De qué me quejo? -me pregunto-, de qué me lamento si tengo la fortuna de poder comer todos los días, poder disfrutar de un techo en condiciones, poder vestir, poder tomarme un café con los amigos e incluso una copa... o dos, me puedo permitir el lujo de viajar, conocer otras culturas por placer. El hombre del semáforo conoce nuestra cultura por "imperativo vital".
Tengo cerca a mi familia, tengo a mi gente. Tengo un trabajo, tengo un coche ... tengo, tengo, tengo, tú no tienes nada...
Cuando voy a La Coruña le busco, le doy unas monedas, le dedico una sonrisa, lavo mi conciencia y...
... sigo mi camino.
Educación sexual
Los mensajes educativos en temas sexuales no tienen por qué ser sórdidos.
Para muestra...
un botón
Complejidad, confusión, fe...
Cuántas cosas en la vida aparecen a destiempo.
O tal vez esa no es la máxima.
Tal vez las cosas vienen en el momento justo, pero no sabemos qué hacer con ellas.
Tal vez la confusión nace de la complejidad, y no es ésta otra cosa que un punto de vista determinado, manido, encasillado...
Tal vez si cambiamos la perspectiva podemos vivir lo que nos sucede en cada momento como un regalo para nuestros sentidos y para nuestro aprendizaje.
Tal vez ese toque de complejidad y de confusión nos permite reforzar la fe en la vida, en el ser humano...
... tal vez
Dididai
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Prohibido patinar!
Y es que una ya no tiene edad, ya no es de goma como cuando era pequeña. En realidad miento, creo que lo volveré a intentar en cuanto se me pase el susto, los hematomas y la hinchazón. Pues sí, me volví a caer y sí, me volví a golpear en la cara y sí, la vuelvo a tener como un cromo como cuando volví de China (bueno, no tanto). Fui a patinar con un amigo. Estaba muy contenta porque tras cambiar mis patines por otros mejores que me prestó, iba cogiendo soltura y seguridad. Cuando me cai, después de ver cómo estaba me dijo:
"te portaste bien, sólo te cayó una lágrima y no era por el dolor, era de rabia. Seguro que si el accidente no dependiera de ti sino de otros, no te hubiera fastidiado tanto"...
... ¡Lo cierto es que tenía razón!
Baraka Madrid
El pasado viernes asistí en Madrid al estreno de una obra de teatro en El Matadero. Miguel Hernández: labrador del viento
Baraka Madrid es una joven compañía que, bajo la impecable dirección de María Caudevilla, cautiva.
Dramaturgia, interpretación, puesta en escena, iliminación, vestuarios, sonido... todo, absolutamente todo, exhala exquisitez y detalle. Son el bien hacer, la ilusión y la creatividad de este maravilloso equipo los que consiguen sorprender al espectador e introducirle en el escenario como si formara parte de la escena y gracias a los que, a pesar de la escasez de medios, le llevan a no echar de menos
N A D A
Reiki
Ayer conté que estaba en un curso de Reiki. Yo sé que todavía hay mucha gente que ve estas cosas como "cousas de meigas", pero no es así.
Kanfurnio me preguntaba si funciona. Yo no podría determinar en qué medida funciona, pero lo que sí sé es que, al menos, relaja. No estoy muy avanzada en estos temas, pero en otros países (Alemania o Inglaterra, por ejemplo), incluyen esta terapia alternativa en su sanidad pública. En España se está introduciendo en algunos hospitales. Os dejo este vídeo que puede informar mejor que yo. Ya sabéis: "haberlas hailas"
ah, pero ¿tengo casa?
Desde hace algún tiempo, apenas si piso "miña casiña, meu lar", y la verdad es que ya me empieza a urgir disponer de algún tiempo para coser botones, colgar cuadros, o simplemente "pasmar" tirada en mi butaca.
Lo malo es que cuando llego, rápidamente encuentro una excusa para salir de nuevo. No sé, quizás es que no la acabo de sentir como un hogar porque todavía no he aprendido a vivir sola. Tal vez sea eso, o tal vez sea que mi espíritu inquieto necesita su dosis de actividad y hacer muchas cosas para calmarlo.
También hay otra posibilidad: que yo no sea capaz de asumir que también es necesario parase de vez en cuando y que no pasa nada por ello. En el fondo es como si me sintiese culpable de no hacer cosas productivas.
En cualquier caso, sí sé que con esa actitud, la productividad disminuye y que al final, por no asumir con tranquilidad que parar un momento es bueno,
se pierde mucho, muchísimo más tiempo.
Si tal, ya luego...
Recuerdo oír esta expresión y otras similares en muchas ocasiones. Recuerdo decírmelas a mí misma con más frecuencia de la que desearía.
Y es que a veces tratamos de escapar de lo que debemos hacer, de lo que deberíamos hacer, prolongando así la agonía de algo que tarde o temprano, no quedará más remedio que afrontar y que, además cuanto más lo retrasemos, más nos costará realizar, porque, probablemente, hayamos de hacerlo con "intereses de demora".
Recuerdo haber escuchado, haber leído y también haber contado, que la postergación es una de las principales causas del estrés. Recuerdo habérmelo creído. Recuerdo haber hecho propósito de enmienda. Y recuerdo, finalmente haber dicho...
si tal, ya luego...