Nervios de última hora

mércores 14 outubro 2009

Nunca me desagradó viajar por trabajo. Es cierto que hacer y deshacer maletas con relativa frecuencia y, sobre todo, cargar con ellas de acá para allá, puede resultar un poco engorroso, pero siempre me ha parecido que los cambios de aires -aunque sean en el ámbito laboral- son enormemente enriquecedores y hacen que la semana resulte más entretenida, diferente, aunque luego vuelvas hecha unos zorros y con unas ojeras que te llegan hasta el ombligo.

Aún así, no puedo evitar un cierto grado de nerviosismo en las horas que preceden al embarque en un vuelo, en un tren o en otro medio de transporte y eso es precisamente lo que me está ocurriendo en este momento. ¡Cualquiera diría que me voy a China! ¡Ah, no, que allí ya fui! (y no precisamente por trabajo). El no saber si llevaré la indumentaria adecuada a las condiciones atmosféricas, si se me olvida algo importante, si he grabado todos los archivos necesarios en el lápiz de turno... no sé, me hace sentirme acelerada. Menos mal que estas pequeñas cosillas dejan de preocuparme en cuanto tomo posesión de mi asiento. Entonces ya, como total, no se puede hacer nada, no queda más remedio que "tirar p´alante".